Ética y Antiética Periodística

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Mario Ramos Tacca
¿Qué ocurre cuando un periodista se lanza a cazar la información y tener la primicia a cualquier costo? Puede perder su decoro y recurrir a múltiples acciones lícitas e ilícitas, éticas y antiéticas en su función.

Acaban de otorgarle libertad y comparecencia restringida a Rudy Palma, experiodista del diario Perú. 21 de Lima. Acusado y encarcelado por quebrantar la ley, la prensa capitalina en su momento informaba: “La Policía Nacional detuvo al periodista Rudy Palma (35), quien ha sido acusado de presuntos delitos informáticos en perjuicio del Ministerio de Comercio, Exterior y Turismo. La División de Delitos Informáticos de la PNP lo acusa de los presuntos delitos de hurto agravadoacceso indebido a una base de datosviolación a la correspondenciaSegún las investigaciones, Palma Moreno tenía acceso a laclave del servidor de dicho ministeriocon lo que ingresaba a los correos electrónicos de los altos funcionarios”.

En fin, una serie de argumentos legales que se le imputaron para condenarlo y privarle de su libertad inmediata. Lo cierto es que este periodista, de la noche a la mañana pasó a ser el patito feo de toda esta historia.

Conocido como el “hacker profesional del periodismo” cuando se le preguntó sobre los pormenores de su falta, declaró que no sabía que era delito violentar las comunicaciones de las personas.

Tendríamos que recordarle a este señor, ¿qué fue lo que aprendió en los claustros universitarios? O simplemente ¿olvidó adrede que toda comunicación personal es privada? Sea cual fuere el leiv motiv de su oscuro proceder, se vulneró los derechos de ciertos funcionarios públicos y eso en este país se condena.

No pretendo hacer leña del árbol caído, tampoco pretendo mellar la investidura de los personajes públicos agraviados, pues por ser públicos están supeditados a toda laya de acosos y riesgos de diverso carácter; pretendo más bien, incidir que vivimos en un estado de derecho y desde la legalidad, no es ético proceder del modo en que lo hizo Palma Moreno.

Si uno tiene la necesidad de conocer la información acerca de los quehaceres de determinados funcionarios estatales, existen los mecanismos legales para obtenerlos. Claramente lo estipula la Ley 27805, Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. “Toda persona tiene derecho a solicitar y recibir información de cualquier entidad de la Administración Pública. En ningún caso se exige expresión de causa para el ejercicio de este derecho” así lo tipifica el Título III, Artículo 7º de la mencionada Ley.

Protegiendo las comunicaciones privadas de cualquier persona, la constitución política del Perú en el acápite sobre los derechos fundamentales de las personas, Artículo 02, inciso 10, estipula: “Toda persona tiene derecho al secreto y a la inviolabilidad de sus comunicaciones y documentos privados. Las comunicaciones, telecomunicaciones o sus instrumentos sólo pueden ser abiertos, incautados, interceptados o intervenidos por mandamiento motivado del juez, con las garantías previstas en la ley. Se guarda secreto de los asuntos ajenos al hecho que motiva su examen. Los documentos privados obtenidos con violación de este precepto no tienen efecto legal”.

Según estos antecedentes, Rudy Palma, cayó redondo en un procedimiento ilegal que le costó su inmediata detención. El delito está consumado. No sabemos exactamente cuáles hayan sido los motivos de su ilícito proceder, sin embargo, para censurarlo, se han tejido una serie de versiones de uno y otro bando hasta acusarlo de espionaje, finalmente es la investigación y la justicia las que eleven su fallo final.

Personalmente, no me atrevo a creer que este periodista haya  actuado con inocencia efeba y por pura casualidad haya ingresado a los correos personales de los agraviados. Y menos creo que no conozca el mecanismo legal que condenan sus travesuras informáticas. En mi opinión, hay un trasfondo político y/o económico que subyace a este asunto.

Todo lo anterior me hace pensar que, en el país, seguimos viviendo momentos de turbia zozobra de mano de la política. Se ha vuelto común que un político y sus seguidores, utilicen furtivos mecanismos de interceptación de las comunicaciones de sus opositores o de personalidades del gobierno para ciertos fines. De modo que, por donde se respire, todo huele a “chuponeo”.

Cuando la prensa y algunos hombres de prensa se prestan a este tipo de procedimientos, manchan la honorabilidad de la profesión y del ramo. Es cierto que en ocasiones, la prensa ha servido como herramienta eficaz para destapar la podredumbre y la corrupción operada en el aparato estatal y sus protagonistas. También ha servido como mecanismo para corregir los descarríos funcionales de importantes  personalidades en el país. Pero si ese procedimiento no se perfila hacia un horizonte ético, la prensa pierde su esencia y se venaliza.

Parece complicado creer que en nombre de proclamar la “verdad” muchos actúan tendenciosamente. Más complicada aún es la situación cuando de por medio existen prebendas económicas a ultranza. Así, con actitud de matarife solo se consigue desangrar y llevar al olvido los preceptos de El Código de Ética del Periodista que en su Artículo 1, estipula: “Los periodistas están moralmente obligados a ejercer con honestidad. Deben honrar su profesión y hacer que se le respete. Hay que ser dignos de la Libertad de Prensa, considerando en ella las libertades de información, opinión, expresión en todas sus formas, investigación periodística, difusión del pensamiento, fundación de medios de comunicación social y programas periodísticos. No incurrir en libertinaje. No existe irrestricta de prensa, su límite natural es el derecho ajeno”.

De ese modo, uno se pregunta si obviando lo anterior ¿construimos o destruimos la dignidad de la profesión? No hay punto de quiebre, aquí las cosas se hacen con ética o se cae en la antiética y punto.

Finalmente, creo saber que cualquier ciencia que el hombre produce o haya producido, incluido el periodismo, lo hizo con el sano propósito de coadyuvar con la condición del ser humano. Y saber actuar con humanismo es saber respetar que allí donde terminan tus derechos, empiezan los derechos de los demás.

Muy acertadamente el filósofo español Fernando Savater, en su libro “Ética para Amador” nos ilustra al respecto: “En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética”.

Es cierto que “errar es humano y perdonar divino” pero recordemos que quien persiste en el error, demuestra una actitud demoníaca.