REFLEXIONES SOBRE EL DÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL

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Lic. Mario RAMOS TACCA

“Si Cervantes despierta, te agarra a patadas”   El 23 de abril se recuerda el Día del Idioma Español en todo el mundo de habla hispana. El Perú no es la excepción frente a esta efeméride tan importante normado por ley. En todos los rincones del país, las instituciones educativas relievan esta fecha, con un sinnúmero de actividades que hacen de este día todo un acontecimiento social, evitando que la celebración no pase por desapercibida para nadie en la sociedad.

 Recordando mi etapa de escolar, alguna vez escuché decir: “Si Cervantes despierta, te agarra a patadas” cuando el maestro notaba que alguien había pronunciado o escrito mal una palabra. De chico, confieso que tal determinación me llamó mucho la atención y cada que deseaba decir o escribir algo, primero pensaba en que lo que dijera o escribiera jamás procuraría perturbar el dulce sueño del padre del Quijote.

          Me parece que análogamente, todos deberíamos, primero, pensar en el contenido subliminal de esta frase popular antes de hablar o escribir algo, como generalmente suelen hacer los grandes oradores y escritores consagrados. Sin embargo, a mi modesto modo de ver las cosas, este fenómeno ocurre al revés. Una respuesta rápida puede ser que esto sea el resultado de la huella que la sociedad y la escuela dejan sobre la inteligencia lingüística de las personas, según manifiesta Howard Gardner en su libro de Las Inteligencias Múltiples.
 Concuerdo con los postulados de este neuropsicólogo de Harvard, por que considera a esta inteligencia como aquella que ve la habilidad de utilizar el lenguaje para describir eventos, construir confianza y buena relación, desarrollar argumentos lógicos y usar la retórica, o ser expresivo y metafórico. En consecuencia, toda persona debe construir y fortalecer paulatinamente esta inteligencia dentro de la educación formal o informal, para interactuar adecuadamente en la sociedad y de ese modo, sea reconocido como persona lingüísticamente competente.
 Por lo antes mencionado, resulta que en este estado de cosas, la realidad lingüística del hablante refleja poco cultivo. Para nadie es desconocido que no todos hemos sido iluminados por la lumbre del verbo perfecto. Con decir que son pocas las excepciones que a punta de estudio y esfuerzo se salvan de las barbaridades que aquejan el nivel de habla y escritura de nuestros semejantes.
 Tal vez, la sociedad y la escuela desempeñan pésimamente su rol paradigmático. Quizá son otros los factores externos o internos que influyen en la maduración lingüística del hablante en nuestro medio. En fin, tantos pueden ser los argumentos que en este Día del Idioma Español; sirvan de diagnóstico en el momento de catalogar la competencia lingüística del hispanohablante en América, el Perú y en particular Puno y la provincia de Melgar.
 Escuchar, ver, leer y analizar la información circundante en nuestro medio, es verdaderamente sorprendente. Se puede concluir que es de poca calidad o en todo caso carece de ella. Este fenómeno, sí puede hacer que Cervantes despierte y nos pegue una pateadera de nunca olvidar.
 En consecuencia, nuestro cotidiano intercambio no refleja preparación y menos cuidado. ¿Es por que nadie nos habló sobre la teoría de Gardner?. En un estado de crisis socio-cultural como la nuestra, a nadie le interesa la idea de competencia lingüística. A diario vemos, que mucha gente, desesperada captura los medios de comunicación social y a diestra y siniestra cogen micrófonos y bolígrafos para hablar o escribir algo. La idea no es mala. Lo malo está en que esa práctica, sin preparación, se torna prosaica y contamina todos los estratos lingüísticos y grupos etáreos de la sociedad.
 “Lo que natura no da, Salamanca no presta”
  Muchos entendidos en materia de lingüística se han pronunciado al respecto y justifican el hecho con explicaciones sobre dialectología, diglosia, ínterlecto, etc, etc. Algunos concluyen que esto es producto del contacto entre lenguas. Otros más avezados afirman que es cuestión neuronal, por consiguiente, si el cerebro no ha desarrollado convenientemente la inteligencia lingüística, hagas lo que hagas, jamás lograrás salir de ese cuello de botella que te arrastrará a esferas inimaginables de expresión y desde luego, serás siempre objeto de desprecio y mofa lingüística, pues el pésimo uso de la lengua conduce a ello.
En una sociedad donde muchos no servimos ni siquiera de modelo lingüístico a nuestros semejantes. Es de suponer que no aportamos nada en favor del crecimiento cultural y social del individuo. Cada vez nuestra situación se torna caótica: el lenguaje se empobrece y la sociedad se sume en un caos deplorable, por consiguiente, la condición humana se degrada; pues en una sociedad en la que se habla mal, tampoco se puede pensar ni actuar bien. El pensamiento y el lenguaje son como las dos caras de una misma moneda, por lo tanto, quien piensa bien, habla bien. Sin embargo, pareciera que estos dos aspectos de la realización del lenguaje en el hablante, andan totalmente divorciados y mal cultivados debido al contacto entre lenguas.

 

 No obstante, vivir en un contexto plurilingüe es un fenómeno ventajoso. El contacto entre la L1 (quechua, aimara) y la L2 (español u otros) sirven para desarrollar el nivel cognitivo de las personas y de ninguna manera como un prejuicio estereotipado. Bastará señalar que el bilingüe aventaja cognitivamente al monolingüe, pues quien habla una lengua, solo piensa de una forma; contrariamente quien habla dos o más lenguas, piensa de dos o más formas y desarrolla el pensamiento más complejo y abstracto.

 

Consecuentemente, el bilingüismo que todo hablante debe conocer, se perfila de la siguiente forma: El menos desarrollado es el incipiente, el nivel medio de desarrollo lingüístico corresponde al bilingüismo subordinado y el coordinado es el nivel competitivo deseado que todo hablante procura alcanzar, pues es el nivel en el cual interactuamos liberados de interferencias y motoseos perniciosos.

 ¿Puede haber algún modo de resolver este problema? Por supuesto que sí. Reconozco en la lectura una herramienta eficaz para optimizar nuestro nivel de habla. También reconozco en la pragmática lingüística y la educación una buena alternativa de solución al problema, sin caer en el caos. Sugiero practicar exámenes metalingüísticos de lecto-escritura a toda persona y su desempeño en diferentes contextos comunicativos. Pero por sobre todas las cosas, está recordar cada instante que nuestra meta es alcanzar el bilingüismo coordinado, constituirnos en buenos modelos comunicativos y preocuparnos en todo momento por fortalecer el uso de la lengua que a diario utilizamos como medio de comunicación.

 Finalmente, sirva esta fecha y todos los días del calendario para reflexionar y velar por el buen cultivo de la lengua. Cultivo que puede seguir siendo la droga que prolongue el milenario sueño de Don Miguel de Cervantes Saavedra.